Mientras hablaba con Laila, Alice vio una llamada en espera.
—Amiga, Richard me está llamando.
—Entonces hablamos después. Ve contándome todo por mensajes, ¿me oyes? No me ocultes nada.
—Está bien. Que Dios te bendiga —se despide antes de contestar la llamada de Richard.
—Buenas noches, Alice —la saluda con voz somnolienta.
—¡Hola, Richard! ¿Cómo estás?
—No tan bien como me gustaría —responde—. Quisiera estar ahí con ustedes dos —confiesa con un tono de tristeza.
—Yo también quisiera que estuvi