El encanto que Alice siente desaparece en cuestión de segundos cuando recuerda lo que él hizo y dijo en Inglaterra. Entonces, endereza la postura y le pregunta:
—¿Qué haces aquí? —Su tono de voz no suena nada amable.
—Vine a traerte tu comida, claro. ¿No la pediste? —pregunta él, intentando recomponerse también.
—Claro que la pedí —responde Alice al notar que lleva una bandeja.
—Tardé en traerla porque mi madre estaba esperando a que el postre estuviera listo —explica—. Ella lo sirvió todo en p