Escuchar que su amiga tiene una nueva mentalidad hace que Laila se sienta más tranquila respecto a todo.
—Eso es, nada de quedarse lamentándose por un hombre que no te dio el valor que merecías —comenta con voz acalorada—. Cuando me enviaste un mensaje contándome lo que hizo ese idiota, me entraron tantas ganas de golpearlo con mis propias manos.
—No te preocupes, amiga, yo también quise hacerlo, pero solo pude darle una bofetada en la cara —revela, recordando la bofetada que le dio a Richard.