CAPÍTULO — Mañana nos casamos
El desayuno fue desprolijo, apurado, lleno de risas nerviosas y manos que todavía se buscaban por debajo de la mesa como si tuvieran miedo de soltarse otra vez.
Los tres bebés habían decidido reclamar temprano.
Victoria tenía hambre. Samuel también.
Y después de la tormenta de la noche anterior, desayunar juntos en una cafetería de ruta, compartiendo tostadas demasiado calientes y café con leche y jugo de naranja servido a las corridas, se sintió como el lujo más g