Capítulo — El detective y la ira del abuelo
La noche había caído sobre la ciudad de Montevideo, pero en el despacho privado de Héctor Castro, el tiempo parecía detenido. La luz cálida de la lámpara caía sobre la madera oscura del escritorio, donde un vaso de whisky permanecía intacto, reflejando el temblor de sus dedos.
El detective entró en silencio, dejando sobre la mesa una carpeta gruesa. El sonido seco al golpear la madera fue suficiente para que el viejo alzara la vista.
—Está todo aquí