Tras las palabras del juez, una oleada de tensión se impregnó en cada uno de los implicados. Ashley, Angelo y sus respectivos abogados se miraron unos a otros con una mezcla de ansiedad y nervios.
Mientras tanto, en la sala del departamento de Ashley, se encontraba el pequeño Arnold, ajeno al drama que envolvía a sus padres, jugando inocentemente con sus juguetes, mientras era supervisado por la niñera que había sido contratada para cuidarlo esa mañana.
Minutos después, fueron invitados todos