«Su cuñada estaba muerta», se repetía, apenas tratando de procesarlo.
Entró en la habitación con la mirada perdida, su rostro surcado por la preocupación de la noticia recién recibida. Ashley, al verlo entrar, lo observó detenidamente, captando la angustia que teñía sus ojos.
—¿Qué pasa, Angelo? Te noto muy preocupado—inquirió con voz suave, colocando una mano en su hombro en un gesto de apoyo.
Un suspiro profundo escapó de los labios del hombre antes de responder.
—La novia de mi hermano fue