No lo pensó mucho, no tenía tiempo para hacerlo, así que con paso decidido irrumpió en la comisaría con la mirada fija en su objetivo. No iba a permitir que el miedo lo paralizara, no cuando la seguridad de su familia estaba en juego. Su mente era un torbellino de ideas, pero una cosa era clara: debía proteger a Ashley y a Arnold de las amenazas de su madre.
Al llegar al mostrador, se dirigió al oficial de guardia con voz firme. Le contó sobre las intimidaciones que había recibido de su propia