Ángel la levantó en sus brazos, sintiendo el peso de su fragilidad mientras corría hacia el auto. Su piel pálida, su vestido manchado de rojo carmesí, su respiración entrecortada... Cada segundo que pasaba era una agonía. El corazón del hombre latía con fuerza, una mezcla de terror y esperanza resonando en cada latido. La depositó con cuidado en el asiento trasero, sus manos temblorosas aferrándose a la suya por un instante.
—¡Resiste, mi amor! ¡Ya casi llegamos!—suplicó con voz quebrada mientr