39. Sí, sí quiero
Nos registramos, me entregan la tarjeta de la habitación y subimos al elevador.
—Este lugar está increíble, pero no
debiste gastar tanto, podríamos habernos quedado en uno más sencillo —menciona.
—Quiero que estos días sean inolvidables.
—A tu lado, ya lo son —asegura—. No necesito nada más que estar contigo.
El elevador se detiene en el último piso. Bajamos, entramos a la habitación y una luz tenue nos recibe, junto con un suave olor a rosas que llena el aire. Un enorme ventanal deja ver la