3. Una invitación pendiente
Me acerco a saludarla, un poco nerviosa.—¡Yeimi, qué alegría verte! —exclamo, abrazándola con fuerza—. Estás más hermosa que nunca.Ella sonríe, y como siempre, su presencia ilumina el lugar. Yeimi tiene ese tipo de belleza que hace que la gente se gire a mirarla: su cabello negro larguísimo, sus ojos verdes y esa figura que siempre llamó la atención.—Hace mucho que quería venir a saludarte —dice con una sonrisa cálida—. Tú también estás hermosa.—No puedo creer que estés aquí —respondo, sintiendo una emoción inesperada.—Cuando Danae me invitó, no pude negarme. Tenía muchas ganas de verte —suspira con un toque de nostalgia—. Mira, te presento a mi esposo, César.—Es un gusto —le digo, estrechando su mano.—Igualmente —responde él—. He escuchado mucho sobre ti. Tenía ganas de conocerte.—Espero que hayan sido cosas buenas —bromeo.—Créeme que sí —sonríe.Yeimi y César hacen una pareja preciosa. Él es alto, delgado, con el cabello negro y los ojos oscuros. Su piel almendrada contrast
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