27. Estoy aquí… para ti
—¿Todo bien? —pregunta Ander con cautela.
Hayleen se seca las lágrimas con brusquedad y se aleja hacia la barra, evitando mirarlo. Yo siento el estómago encogerse. Ander observa mi rostro, luego mi cuello cubierto y su expresión cambia: endurece la mandíbula, sus músculos se tensan y en su rostro hay una sombra que no alcanzo a descifrar.
—Llegamos temprano —explica Natty, intentando suavizar el ambiente—. Pensamos ayudarte a abrir.
—Leah… ¿qué está pasando? —insiste Ander con voz baja, pero fir