26. No fue él
Intento mantener la calma para no preocupar a Danae. La dejo en la escuela, le doy un beso en la frente y espero a que entre antes de volver al auto. El dolor de cabeza sigue ahí, insistente, pero lo ignoro. Necesito llegar a la cafetería.
Cuando entro, Natty ya está detrás de la barra.
—Buenos días, hija. Ya te preparé tu café y un croissant —lo coloca en la barra.
Me siento en el banco… y no puedo aguantar más. Las lágrimas empiezan a caer sin que pueda detenerlas.
—Por Dios, Leah, ¿qué tiene