20. La idea no me disgusta en absoluto
Él baja un poco la mirada, parece esperar un rechazo de mi parte. Pero no digo nada… tampoco me muevo. No podría hacerlo aunque quisiera: mis pies parecen anclados al pavimento, mi respiración está agitada y mi corazón late tan fuerte que siento que podría escaparse de mi pecho.
Ander se inclina despacio, con esa cautela que solo tienen quienes temen arruinar algo que consideran valioso. Sus dedos rozan mi mejilla, levemente, pero suficiente para encenderme entera.
—Leah… —susurra, casi sin voz.