19. Entonces… dame eso
—Buenos días —saluda Danae, saltando a mi lado en la cama.
—¿Qué hora es? —me cubro la cara.
—Llegan por mí en quince minutos.
Me levanto de un salto, asustada y corro a la ducha mientras Danae se burla de mí desde la cama. Apenas alcanzo a bañarme y cambiarme cuando escucho que llegan por ella. Las manos me tiemblan de los nervios: voy a conocer a los padres de Ander.
Ander es idéntico a su madre: una mujer joven, agradable y risueña. Ahora entiendo de dónde les viene a sus hijos esa luz. Adrie