21. Barbón, gruñón
La mañana comienza tranquila. Hayleen prepara un desayuno delicioso y las tres lo disfrutamos juntas, hasta que baja Eric, todavía con cara de fastidio, pidiéndole a Hayleen algo “diferente” a lo que ya hizo. No sé si exagero, pero cada vez me cuesta más soportar la manera en que le habla, pareciera que todo lo que ella hace es insuficiente.
Mientras recogemos los platos, Eric se cruza de brazos y suelta, sin venir al caso:
—Entonces, ¿la pizza de ayer es del local de tu novio? —pregunta con ese