Miro a Alex con desazón, sintiéndome un poco dividida, porque, aunque quiero estar con ella, también quiero escucharlo.
―Tengo que contestar ―digo, y él asiente.
―Pediré de comer entonces ―dice, alejándose hasta el otro extremo, donde se encuentra la cama y una mesita con alguna especie de carta de servicios.
Le veo entretenerse con eso y yo procedo a contestar.
―Hola, mamá ―hablo.
―¿Ya vienes a casa? ―pregunta, y noto una exaltación en su tono.
―Eh… no, todavía. Me demoro un poco ―respondo