Emma
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Aun no sé cómo calificar la amabilidad que tuvo Junot ayer conmigo; sin embargo, debo admitir que se está portando un poco menos soberbio que al principio.
Hoy en su llegada me devolvió los buenos días y aunque siguió caminando hacia su oficina más recto que una varilla, algo es algo. La señora Junot me ha llamado hoy para preguntarme ―y de paso asegurarse―, si su hijo me hizo la invitación a la cena y le respondí que sí.
Eso la puso feliz y me pidió que no faltara; sin embar