―Por aquí ―indica ella, y yo sigo caminando a su lado hasta que llegamos a la habitación 314, donde está internada su madre. Ella me mira y anuncia―: Llegamos.
Asiento conforme, pero ahora que estoy frente a la puerta, los nervios aumentan. Ella toca dos veces, y nos abre una enfermera.
―Puntual para el horario de visitas ―le dice, resaltando que, a pesar de su comportamiento, Anna se ha portado como una buena hija.
La enfermera me mira.
―Solo viene a saludar ―le informa, y ella frunce un po