Luego de besarnos por un largo rato, decidí ir a mi habitación. La situación se había vuelto incómoda; no quería seguir besándolo, pero él me había obligado. No es que estuviera molesta, después de todo, había aceptado firmar. Y aunque no voy a fingir que no me gustaron sus besos, prefiero que sean espontáneos, no forzados. Las cosas impuestas no son agradables.
Como él me había dicho, encontré dos maletas listas junto a la cama. Realmente, los empleados de esta casa son muy eficientes.
Después