Capítulo 31

Caminé hasta él, que estaba tumbado sobre una silla. Pasé mi mano por su hombro y lo ayudé a ponerse de pie.

—Te he dicho que no necesito ayuda —gruñó mientras se removía.

—Y yo te he dicho que lo haré, así que quédate quieto porque eres pesado.

Protestó, pero se quedó tranquilo. Eché a andar rumbo a su habitación, aún sosteniéndolo, ya que parecía incapaz de mantenerse en pie; estaba muy ebrio. Al subir las escaleras, el dolor en mi pie aumentó, pero decidí ignorarlo y seguir adelante.

Lle
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