—Y seré el hombre más afortunado del mundo al ser el primero en ver ese bello cuerpo desnudo.
—No serías el primero —confesé, mordiendo mi labio con un poco de vergüenza.
—¿A qué te refieres?
—Dejémoslo aquí —me reproché mentalmente por haberlo mencionado.
—No, ahora dímelo.
—Mejor no, no quiero que te dé otro de tus ataques.
—Habla de una buena vez —inquirió, mostrando un leve tono de irritación.
—Está bien —me resigné—. Ya te hablé de Víctor, el chico que fue mi novio en el orfanato. Bueno, d