La mañana llegó con una pesadez insoportable. No tenía ganas de salir de mi habitación, mucho menos de bajar a desayunar. Encontrarme con Henrik después de la discusión de ayer se sentía como una batalla perdida antes de empezar. Pero mi estómago tenía otros planes, y cuando Justine no apareció con mi desayuno, supe que no me quedaba más opción.
Resignada y con el hambre rugiéndome por dentro, me levanté de la cama y me preparé. Elegí un vestido gris, elegante y sutil, con la esperanza de que a