—Yo también quiero ver más de ti —su sonrisa fue sutil, pero sus ojos brillaron con algo indescifrable—. Por cierto, ¿qué te parece una cena muy personal esta noche?
—¿Personal? —fruncí el ceño con suspicacia.
—Solo tú y yo.
—Siempre cenamos tú y yo solos —señalé lo obvio.
—Me refiero a algo más… íntimo —su ceja se alzó con esa sonrisa ladina que le quedaba tan bien.
Conocía ese tono, esas insinuaciones veladas que nunca terminaban de serlo del todo. Suspiré, resignada.
—Sé exactamente cu