Llegamos en un tiempo récord a la mansión Manchester y mi corazón se achicó en mi pecho al pensar que volvería a estar presa en esta jaula de oro.
Con ayuda de las chicas salí de la camioneta y me encaminaron a la entrada principal de la casa.
Ya en la puerta se encontraba mi padre esperándonos, eran las tres de la madrugada y estaba completamente segura de que estaba más que molesto.
Su cara solo demostraba enojo hasta que me vio la mejilla amoratada, y luego le vio la cara arañada de Norman.