Olivia
Al aterrizar el avión, las camionetas con nuestros hombres y mujeres a nuestro cargo, estaban esperando por nosotros.
Fue como un deja vu, porque al tocar el pavimento con mis deportivas, todos ellos se pusieron de rodillas para recibirme.
Aún no puedo acostumbrarme a esto, pero sé que ellos lo hacen de buena fe y por el respeto que me tienen.
—¡Le damos la bienvenida a la Dama de la mafia! —dijeron todos en una sola voz poniéndome la piel de gallina.
Enzo detrás mío, me rodeó la cintura