El viaje en coche se fue alargando cada vez más. Yo miré a Hayden, quien estaba concentrado en el camino. Luego, miré la hora, y eran las tres de la madrugada. Me removí en el asiento, ya que estaba algo incómoda, teníamos varias horas en carretera.
— ¿A dónde vamos? — le pregunté por enésima vez.
Hayden no me miró, solo se encogió de hombros. Quería golpearlo con mi zapato, pero ni eso me había permitido traer.
— Al fin del mundo — me contestó con una sonrisa.
Hice una mueca de disgusto, pero