105. Eso no es ético ni legal.
El sonido del motor del automóvil se mezclaba con el murmullo de la calle mientras James conducía hacia el consultorio del psicólogo. Aurora, en el asiento del pasajero, se mantenía en silencio, con la mirada perdida en el paisaje urbano que se deslizaba frente a ellos.
—¿Estás bien, Aurora? —preguntó James desviando la mirada hacia su esposa.
Aurora suspiró, sintiendo el nudo en su garganta
—No lo sé, James Estos sueños... me están afectando más de lo que quisiera admitir.
James tomó su mano