Con el corazón en la garganta, Lara llegó a su casa en un abrir y cerrar de ojos.
El frente de su casa estaba acordonado como si fuera la escena de un crimen y Guadalupe, con unos lentes de sol negros y un vaso de café descartable, miraba a Luz y los niños parados a un costado, tiritando del shock.
Hombres uniformados entraban y salían de la casa cargando muebles y tirando la ropa sobre la vereda.
- ¿Qué está pasando? – Lara le preguntó a dos hombres uniformados que reían con el abogado Rubiot,