- Tú estabas sentado aquí – Lara tomó a Dante del brazo y tiró de él para llevarlo hasta el sillón – Hey, colabora conmigo, esto es por ti – reprochó mientras tiraba más fuerte de su brazo.
Pero Dante no se movía ni un solo centímetro. Tenía la vista fija en el espejo frente al sillón.
Lara se inclinó hacia él: – Solo concéntrate en mí – le susurró, poniéndose de puntitas.
El aliento de Lara contra su cuello fue tan cálido que lo estremeció.
Cuando se giró, se topó con Lara, mirándolo con coque