Dante caminó con su teléfono en la mano y la vista fija en la puerta de su departamento.
El corazón en la boca.
Solo había una explicación para todo aquello y si sus sospechas eran ciertas, la misma persona que llevaba dos años tratando de acabar con su carrera política, le habría dejado un paquete allí.
Llevaba dos años lidiando con algún fanático de Sherlock Holmes que le respiraba en la nuca y era el causante de una serie de eventos desagradables.
Lo más perturbador de todo, no era la insist