Semi sentado en la camilla, Dante se miraba las palmas de las manos.
Mientras esperaba a Lara, cientos de pensamientos lo asaltaban y sentía que la felicidad que acababa de conocer, se le colaba entre los dedos como arena.
Mauricio tenía razón en alguna que otra cosa: La vida de Lara ya era demasiado complicada y además, era madre.
No se trataba solo de que ella sintiera por él ni de lo que él pudiera ofrecerle, se trataba del bienestar de sus hijos.
Pero Dante no estaba dispuesto a darle la ra