40. Narra Anastasia
El sábado por la noche regalaba una tregua silenciosa en mi apartamento. Habían pasado dos semanas exactas desde aquella tensa confrontación en el despacho de Maverick, dos semanas en las que la dinámica en el piso ejecutivo de MAVE se había transformado en un territorio helado y distante. Había cumplido mi palabra de mantenerme al margen; cumplía con mis tareas con una precisión quirúrgica, pero me negaba por completo a cruzar cualquier línea de complicidad. Ya no había miradas robadas, ni toq