34. Narra Maverick
El trayecto de regreso desde el mirador hasta Manhattan fue una travesía en silencio. Anastasia venía con la vista perdida en las luces borrosas de la ciudad que se reflejaban en la ventanilla, mientras mis manos mantenían el volante con una fuerza tal que los nudillos se me ponían blancos. Sabía que habíamos cruzado otra línea invisible. Cada segundo a su lado debilitaba las barreras que con tanto esfuerzo intentaba mantener en pie, recordándome que el imperio que dirigía se sostenía sobre cim