Hablar del pasado solo traía dolor.
¿Y el futuro? ¿Qué futuro había para ellos?
Se quedaron allí, en el crepúsculo, durante mucho tiempo.
Finalmente, Luis sonrió levemente:
—Me voy.
Le dio una última mirada profunda, se giró y abrió la puerta del coche.
El coche se alejó lentamente.
Dulcinea se quedó allí, sin moverse.
El aire frío del invierno la envolvía, olvidando ajustarse el chal de lana sobre los hombros. El pequeño Leonardo corrió hacia ella, abrazándola por las piernas, y preguntó con vo