Capítulo 796
En la habitación del hospital.

Dulcinea parpadeó suavemente, pensado.

No era tonta; pudo adivinar por qué don Marlon había perdido la compostura. ¿Era por la semejanza en sus rostros o por algún recuerdo lejano?

—¡Mamá! ¡Mamá! —Leonardo le tiró suavemente de la manga.

Dulcinea volvió en sí y lo cargó en brazos:

—Vamos a bajar a tomar un poco de sol, cariño.

Le sonrió con disculpa a Matteo. Él, con su habitual gentileza, acarició la cabeza de Leonardo:

—Nos vemos pronto, hermanito.

Leonardo, ya a
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