Sarah, al verse descubierta, se enfureció:
—¡Estás mintiendo! Fue tu culpa que Austin resultara herido.
Dulcinea mantuvo su calma:
—El amor no se obtiene haciendo berrinches. Si Luis no te quiere, no tiene sentido seguir insistiendo. Podrías haber tenido una buena vida.
Sarah, con los labios temblorosos, sabía que Dulcinea tenía razón, pero no podía aceptarlo emocionalmente.
No soportaba que su devoción fuera despreciada por Luis, que la tratara como basura. Su orgullo no le permitía retirarse d