«Ting», el ascensor se abrió.
Luis sacó su tarjeta de acceso, a punto de abrir la puerta, cuando su mirada se quedó fija.
Sylvia estaba agachada en la entrada de su habitación.
Lucía completamente desaliñada, su largo cabello negro mojado por la lluvia, el abrigo empapado, y su prótesis dispersa a su alrededor en un estado lamentable.
La falda de su vestido colgaba vacía de un lado.
Luis sintió un nudo en el estómago. Se acercó lentamente, mirándola desde arriba, pero su tono fue gentil:
—¿Por q