—Pero Dulcinea sí.
—Ella es diferente a nosotros.
…
Catalina terminó de hablar, esperando el juicio de Luis. Sabía que la pérdida de las piernas y el útero de Sylvia tenía mucho que ver con ella, había ayudado a Dulcinea…
Pensó que estaba a punto de perder su trabajo.
Luis la miró fijamente.
Después de un rato, sacó una cajetilla de cigarrillos del escritorio y, mientras encendía uno lentamente, habló con calma:
—Catalina, compensa tu error. Encuentra a ese doctor y tráelo aquí antes del amanece