Mientras pensaba en esto, sus ojos oscuros se llenaron de lágrimas.
No sabía si estaba arrepentido, ni desde cuándo lo estaba. Solo sabía que sin Dulcinea, su vida sería un fracaso.
Cuanto más intensa fue la sensación de venganza en el pasado, más dolorosa sería su vida futura.
Una hora después, regresó al hospital.
La venda blanca estaba empapada de sangre.
Mientras el doctor le volvía a vendar, Catalina entró con la pequeña Alegría en brazos. La bebé, en ese entorno desconocido, no paraba de l