En una zona residencial de lujo, Ciudad B.
Un Rolls-Royce negro se detuvo lentamente en la entrada del edificio. Luis no bajó inmediatamente, sino que se quedó en el coche, fumando un cigarrillo en silencio.
Recordaba a Dulcinea, arrodillada a sus pies, con la voz temblorosa.
Ella le suplicaba, quería enviar a Leonardo lejos.
Quería que Leonardo fuera criado por Alberto, que lo cuidaran Ana y Mario, no quería que Leonardo se quedara con él… En su corazón, él era solo un desgraciado.
El humo del