…
Luis permanecía con el rostro tenso.
Finalmente, Sylvia recuperó la compostura.
Sacudió su cabello con una risa fría:
—¡No me conformo! ¿Por qué tengo que ser una amante en las sombras? ¿Por qué tengo que casarme con un hombre al que no amo? Luis, no tienes idea de cuánto he sacrificado por ti.
Recordar todo eso aún le dolía.
Pero él no lo sabía.
En ese entonces, él solo se preocupaba por expandir su negocio, le importaba cuánto crecían sus dominios, si su empresa salía a bolsa, pero nunca le