La muñeca de Dulcinea dolía por su agarre.
Miró la silueta de la actriz y, después de un momento, habló en voz baja:
—No estoy haciendo un escándalo. Para hacer un escándalo se necesita tener derecho, ¿no es así?
Luis se sintió algo molesto.
En ese momento, una ráfaga de viento nocturno hizo que Dulcinea empezara a toser violentamente.
Luis notó que su ropa era demasiado delgada para el frío, y frunció ligeramente el ceño:
—¿Qué haces fuera tan tarde sola?
Su mirada recorrió el área:
—¿Saliste a