En realidad, ya no sentía mucho por él.
No lo amaba.
Solo le parecía asqueroso.
La luz del candelabro en el pasillo brillaba sobre el vestido de gala de Dulcinea, haciendo que su rostro pálido se viera aún más apagado.
Los dos amantes también la vieron.
En un mundo de tres, siempre hay uno que sobra.
Dulcinea esbozó una sonrisa vacía:
—Disculpen la interrupción. Pueden… continuar.
—¡Dulcinea!
La voz de Luis fue rápida y urgente.
Pero Dulcinea no lo miró. No quería ver esa escena degradante, la c