Ana se sentía avergonzada.
A pesar de las provocaciones de Mario, no sentía deseo, y cualquier sensación que surgía era mínima…
Mario, siendo un hombre experimentado, ¿cómo no iba a notarlo?
Al llegar a la villa, la llevó en brazos hasta el dormitorio, colocándola suavemente en el borde de la cama blanda. Ana yacía sin fuerzas, observando al hombre que se encontraba sobre ella.
Mario no encendió la luz.
En la penumbra, comenzó a quitarse la chaqueta lentamente y desabrochó los botones de su cami