Mario llegó al lugar, pero Ana ya no estaba allí.
La puerta reluciente del vehículo negro se abrió desde el interior. El apuesto y distinguido hombre permanecía de pie en la misma calle, con una expresión de ansiedad, buscando desesperadamente a su amada.
«Ana, Ana, ¿dónde estás...?»
A través del cristal de la tienda, Ana observaba al hombre frente a ella. Era extraordinariamente apuesto, y su vestimenta y accesorios parecían costosos.
De pronto, sus ojos se encontraron.
El rostro de él se contr