Rebeca se quedó atónita.
De repente, sus ojos se abrieron de par en par, incapaz de creer lo que veía. Miró a Eulogio y luego a Mario... Se dio cuenta de que eran parecidos, solo diferían en su actitud.
En medio de la ligera neblina de humo, la voz de Mario resonó:
—¡Exacto! Él es mi padre, y está casado. Si quieres buscar una «otra esposa», primero tendrás que divorciarte de mi madre. Señorita Morales, tienes grandes ambiciones en la empresa... ¿Estás pensando en ser mi madrastra?
La señorita M