Entre sus labios, solo había el aroma del champán y la suavidad de una mujer… Se enredaban húmedos y cálidos, profundizando el beso hasta que ella lo detuvo bruscamente, rodeando su cuello con fuerza, su delicada garganta emitiendo un sonido entrecortado:
—Mario, no… así.
Mario se detuvo por un momento. Apoyó su frente contra la de ella y preguntó en voz baja:
—¿No así… entonces así?
Al decir esto, levantó su cuerpo, deslizando sus manos bajo la ropa… ¡Ah! Ana luchaba con fuerza, pero tal vez e