Ana, más o menos, tomó dos copas.
José echó a la gente y bromeó:
—¡Mario se pondrá celoso después! ¡Hay fruta madura para ustedes!
La risa estalló por todas partes.
Justo en ese momento, Leo salió de entre la multitud, el hombre que iba a ser el novio, pero no había ni rastro de felicidad en su rostro… Miraba a Ana con una mirada profunda.
El ambiente se calmó.
Hace algunos años, los actos locos de Leo por Ana fueron desenterrados y se convirtieron en tema de burla. En aquel entonces, Leo estaba