Elena lo miró directamente.
Ella era hermosa, aunque en comparación con la delicadeza de Isabel, irradiaba una elegancia adicional.
Ella le preguntó a Eulogio:
—¿Tienes miedo de que Mario se moleste, o de que se moleste mi hermana?
Después de un largo rato, Eulogio respondió:
—Creo que Mario…
Elena, con toda su sinceridad, algo que nunca había expresado antes, decidió terminar la frase por él:
—Mario se dio cuenta de que me gustas, ¿verdad?
La expresión de Eulogio se llenó de asombro.
Era un hom